viernes, 21 de octubre de 2011

EL REFORMADOR JUAN WYCLIF

 

Quizá el más destacado reformista agustiniano de la Edad Media fue Juan Wyclif. Él trabajó como profesor de filosofía y teología en la Universidad de Oxford en la Inglaterra del siglo XIV. Wyclif fue popular en los círculos académicos ingleses de su tiempo, y contó con el apoyo de la corte real inglesa.

Al igual que los reformistas agustinianos que lo siguieron, Wyclif enseñó en contra de la mayoría de los cambios en la Iglesia Católica después de la época de Agustín: la doctrina de la transubstanciación; la veneración o adoración de las reliquias, las imágenes y los santos; y el otorgamiento de indulgencias.

Wyclif también rechazó las afirmaciones exaltadas del Papa. De hecho, él llamó a la Iglesia romana “la sinagoga de Satanás”, y dijo que el Papa era el anticristo. 

Wyclif vio correctamente que “Pedro y Clemente, junto con otros colaboradores en la fe, no habían sido papas, sino colaboradores de Dios en la obra de edificar la iglesia de nuestro Señor Jesucristo”.

Wyclif quiso que la Iglesia nacional en Inglaterra fuera independiente del Papa. Él denunció a todas las órdenes religiosas en el lenguaje más vehemente, atreviéndose al punto de decir que nadie podría ser un verdadero cristiano si pertenecía a una orden.

En sus escritos, Wyclif atacó con furia las riquezas de la Iglesia Católica. De hecho, él enseñó que ni los clérigos ni la Iglesia debían poseer ninguna propiedad. Sin embargo, Wyclif no llegó al punto de abrazar todas las enseñanzas de Jesús contra la acumulación de riquezas en la tierra. Él no tuvo objeción en contra de que los reyes y los miembros de la nobleza atesoraran riquezas en la tierra; él simplemente no deseaba que la Iglesia lo hiciera. 

Wyclif incluso llegó a decir que si la Iglesia no le cedía a la corona sus inmensas propiedades, la corona debería apoderarse de ellas por la fuerza. Esto precisamente fue lo que hizo Enrique VIII aproximadamente 150 años después de la muerte de Wyclif.

Al igual que otros reformistas agustinianos, Wyclif aceptó completamente el híbrido constantiniano. La única parte de dicho híbrido que él rechazó fue la falsa Donación de Constantino a la cual hice referencia anteriormente. 

En los días de Wyclif, este documento aún era aceptado como auténtico. Ya que Wyclif creía que el estado era el hermano gemelo de la Iglesia, él enseñaba que un señor secular tenía que vivir en un estado de justicia. Él decía: “Nadie que esté en pecado mortal es señor de nada”. 

Es decir, si un gobernante está viviendo en pecado mortal, él automáticamente pierde su cargo de liderazgo y sus súbditos ya no tienen que obedecerlo. 

Esto, por supuesto, se opone directamente a lo que enseña el Nuevo Testamento. Prácticamente todos los emperadores romanos vivieron en pecado mortal. Pero Pablo dijo que debíamos someternos a ellos, no derrocarlos. 

La enseñanza de Wyclif preparó las bases para una revolución armada si el cuerpo cristiano creía que el rey o cualquier otro líder estaba viviendo en pecado (o pertenecía a una iglesia errónea).

Al igual que Agustín, Wyclif creyó en la predestinación absoluta. Él enseñó que antes de que las personas nazcan, están inalterablemente predestinadas ya sea a la vida eterna o a la perdición eterna. Según él dijo, esto no es el resultado del conocimiento previo de Dios, sino de su decisión arbitraria. Wyclif escribió: 

“Yo aseguro como una cuestión de fe que todo lo que pasará, pasará por necesidad. De manera que si se sabe de antemano que Pablo estará perdido, él no podrá arrepentirse verdaderamente”.

A diferencia de los predicadores del reino en Francia e Italia, Wyclif quiso llevar a cabo una reforma por medio del poder del estado. Desde el comienzo, Wyclif obró dentro de los círculos de poder de Inglaterra, y el rey y otros miembros de la nobleza lo protegieron del Papa. De hecho, el protector especial de Wyclif fue John de Gaunt, un duque que tenía una gran influencia sobre el anciano Rey Eduardo de Inglaterra.

La Iglesia Católica declaró que muchas de las propuestas de Wyclif eran herejías. Sin embargo, gracias a sus amigos poderosos, Wyclif se las arregló para librarse de la hoguera. En el año 1384 murió de muerte natural. No obstante, casi cincuenta años después de su muerte, la Iglesia hizo que exhumaran su cuerpo, que lo quemaran hasta convertirlo en cenizas y que lo lanzaran al río.


 
BENDICIONES

FUENTE: www.laiglesiaprimitiva.com
Tomado del Libro: EL REINO QUE TRASTORNÓ EL MUNDO de David Bercot.

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